Wilczyński Nowele

Una historia parisiense

Primera parte
Iba por la calle en dirección al centro cuando le sonó el móvil. Era Luc Berton. Se paró
y cogió la llamada, a pesar de las conversaciones de fondo, del ruido de la calle y del zumbido
de motores. El barullo se veía potenciado por los conductores atascados en la calle que
peleaban por hacerse un hueco en la carretera con el claxon.

Parte uno

Literatura y música – Valldemossa

Llegamos  a Mallorca con Elżbieta en la primavera de 2015. Todavía no hace calor. A nuestro alrededor,  vegetación flores, el azul del cielo y la suavidad del agua de mar.  Nos desplazamos a los rincones más lejanos de la isla en un coche alquilado . Tengo problemas para usar el cambio de marchas. Llevo conduciendo  un Citroen 5 durante muchos años y el cambio de marchas automático lo hace por mí. Después de una hora, me empiezo a acostumbrar;  también a la opción inesperada de silenciar el funcionamiento del motor. El motor del Fiat que parado en el semáforo está silenciado pero yo… intento reiniciarlo. Somos cuatro en el auto, están también Grażyna y Grzegorz. Visitamos unas cuevas en las que se realizan conciertos y muchos otros rincones encantadores. Aunque escribiré sobre ello más tarde  en un reportaje.

Richard llevaba sentado allí desde hacía casi una hora. Desde que Sophie se había ido, no sabía qué hacer. Cuando la ayudaba, por lo menos se sentía útil. No quería pasar otro año metido en casa, recordando la trágica muerte de Françoise. El accidente se la había llevado tan de repente; todavía no lo había superado. Había ido para un fin de semana a Burdeos, no era la primera vez que estaba aquí. Venían a veces con Françoise y pasaban por ese bar.

PRÓLOGO

El sábado por la noche, con un tiempo desfavorable, Alex Abbot, un abogado del despacho Abbot&Finney, salió del club de yates Sodus B. El lago Ontario era para él como su casa y el viento que arreciaba no le suponía un mayor problema. Al contrario, le hacía subir la adrenalina. Este barco, al igual que todas las cosas que poseía, se lo debía a un cliente que le encargaba numerosos pedidos desde hacía ya algunos años. No lo conocía personalmente y los asuntos del misterioso señor “X” no aparecían en la lista oficial de los asuntos del despacho. A pesar de los grandes beneficios que Alex obtenía de estos encargos, nunca habían aumentado la suma de sus ingresos imponibles.