Wilczyński Nowele

Witek, que entonces contaba dieciséis años, solía quedar con sus amigos en la cafetería
Mercers de la calle Chmielna. Un pequeño grupo de ellos acabaron convirtiéndose en
habituales del local, conocidos por los empleados. Iban a la cafetería al menos tres veces a la
semana.

No les molestaba que en el lugar hubiera personas de diversas edades, de diferentes, a
veces controvertidas, ideologías y algunas de aspecto sospechoso. Solían sentarse en su grupo
y normalmente en su mesa preferida. Se habían fijado en que, además de ellos, en la cafetería
solía haber un señor mayor al que todos llamaban “Abuelo”. Este Abuelo algunas veces se
acercaba a otros clientes sujetando en la mano una pequeña caja que contenía un ajedrez y les
proponía una partida. La suma que les ofrecía oscilaba entre los diez y los quince zlotys,
dependiendo del estatus del cliente, es decir, de la edad y el aspecto que tuviera.

Descargue la historia completa:

Primera parte

Greg observó las amplias arterias desde la ventana de su apartamento, situado en elvigesimosegundo piso. Las vistas cotidianas de repente le parecían completamente ajenas. Los edificios, que parecían cajas de diferentes formas y colores, se erguían a los lados de las tiras negras pintadas aquí y allá con rayas blancas. Más allá, entre las líneas de asfalto que se cruzaban entre sí, había círculos que recordaban a un reloj sin agujas, que se movía en sentido contrario, de manera extraña.

Uno de ellos trabajaba sin cesar, mientras que otros, más complicados, se detenían durante breves instantes, para después reanudar el movimiento en dirección contraria y perpendicular guiados por unas luces verdes. El tráfico incrementaba y las tiras y los círculos latían con un torrente que se iba haciendo más denso en muchos puntos y que fluía ante sus ojos en direcciones completamente inesperadas.

Descargue la historia completa:

Primera parte

El tercer día de nuestra estancia en Andalucía, salimos los cuatro por la mañana desde Nerja para hacer un tour por el sur de España. El coche que hemos alquilado en el aeropuerto de Málaga no tiene ninguna pega. Primero, visitamos Gibraltar, en la que nos sorprende cómo está organizado el tráfico. La pista de salida y de aterrizaje en la península está cerrada con una barrera y discurre perpendicular a la pista de aterrizaje. Las vistas son preciosas. Subimos a la montaña en coche con toda la cara. Al final se acaba la carretera de la Montaña de Gibraltar, claramente señalado con una placa de metal y una manada de monos merodeando a su alrededor.

Primera parte

Un polaco, un varsoviano del barrio de Mokotów, teniente del batallón Zośka y que había participado en el Levantamiento de Varsovia, se encontró tras la caída de este en un campo de trabajos forzados en Núremberg. Trabajaba duramente en el ferrocarril.

Era el mes de noviembre del año 1944. El ejército de la Alemania de Hitler se batía en retirada en todos los frentes. Los alemanes dejaron de dar de comer a sus prisioneros. Ellos mismos recibían unas porciones escasas y no con regularidad.