Wilczyński Nowele

Primera parte

La vista de las palmeras desde el rascacielos más alto de Sacramento, tenía en Mitch un efecto relajante. Las últimas vacaciones con Cindy en el Caribe habían ido bien. No solo para trabajar vive el hombre – pensó- qué rabia que precisamente hoy sábado tenga que entregar el artículo. Se terminó de fumar el cigarrillo fuera del edificio y entró en el gigantesco lobby, cubierto de cristal hasta una altura de varios pisos. Como era habitual al final del día, el hombre de siempre pulía el suelo de mármol, esquivando la copia acordonada de la diligencia de Wells, Fargo & Company – U.S.Mail.

Primera parte
El comienzo del septiembre estaba siendo maravilloso. Nada indicaba que el otoño no tardaría en llegar. El sol calentaba como en pleno verano y las cimas de las montañas parecían vanagloriarse sobre el fondo del cielo azul.
Una vegetación de un verde todavía muy vivo cubría los pastos, las laderas y los prados del valle de Kłodzko.
En el grupo había doce personas. Todos eran estudiantes de Cracovia. No querían desperdiciar las últimas semanas antes del comienzo del curso académico. La ruta por los bares y las discotecas, se la dejaban a otros.

Primera parte
–Mamá, ¿cuándo viene papá?
–Marcysia, papá está muy, muy lejos. También me gustaría que estuviera con nosotras.
–Pero, mami, dentro de dos días es Nochebuena, ¡papá siempre entregaba los regalos de Papá Noel1!
–Duerme, por favor, ya es tarde y mañana tenemos un montón de trabajo. ¿Me ayudarás a decorar el árbol de Navidad?
–Sí, te ayudo, pero ¿sabes qué?
–¿Qué es lo que quieres decirme?
–¡Tenemos que cortar las ramas más grandes para que quepa el saco con los regalos!
–Vale, las cortaremos, pero duerme ya. ¿Quieres dormir con el elefantito?
–No, pásame al burro, este pequeño del belén. Todavía no he dormido con él.
–Está bien. Aquí tienes el burrito y duerme tranquilamente.

–¿Estás dormido? –le preguntó, aunque estaba segura de que sí.
–Estaba dormido… ¿qué te pasa? –le oyó decir tras un largo momento.
–Si quieres, te cuento mi sueño.
–¿Y no puedes contármelo mañana? –Adam entreabrió los párpados con dificultad. A los ojos le llegó el haz de luz de una farola a través de la cortina ligeramente descorrida.
–No, tengo que hacerlo ahora para que no se me olvide… –dijo ella lentamente, con una insistencia palpable.
–De acuerdo, cuéntamelo, pero no te enrolles, por favor. Mañana tengo que levantarme antes de lo normal.
¿Qué se le ha pasado por la cabeza?, pensó él. Todo el tiempo está diciendo que está cansada. Y lo parece. Últimamente cae rendida como un tronco por lo que mantenemos cada vez menos relaciones.

Llegó al aeropuerto de Zúrich en el taxi más barato de Airport Taxi, tres horas antes de la salida del vuelo. Normalmente evitaba ir en taxi, que en ninguna otra ciudad eran tan caros como en Zúrich. Por el trayecto desde el centro de la ciudad había pagado cincuenta francos. No tenía sentido arrepentirse, por la tarde la ciudad podía atascarse de un momento a otro. Klaus había querido hacerle el check-in en línea, pero no le dejó. Hacía mucho tiempo que no volaba y le podía el estrés. ¿Y si algo iba mal? Decidió hacer el check-in en la terminal. Por lo menos, en el mostrador uno puede intercambiar unas palabras con los empleados. ¿Y si le surgía alguna pregunta?